Esa sensación de ahogo cuándo vemos que perdemos algo que queremos, que no podemos hacer nada por que no deje de formar parte de nuestra vida, ver marchar a esa persona que ha significado tanto para nosotros sin poder evitarlo, sin poder decirle lo que sentimos porque nuestro orgullo puede muchas veces más que nuestros sentimientos. No siempre se cumple el dicho popular: "Quien se marcha sin ser echado, vuelve sin ser llamado" porque en la mayoría de los casos nos quedamos esperando a que vuelva a nosotros, y jamás vuelve.
Recuerdo el momento en que me dijo que era el único en su vida y que sin mi su corazón se pararía, lo que yo no sabía es que al distanciarnos el corazón que se pararía no sería el suyo sino el mio. Reconozco que a día de hoy sigo esperando que vuelva a formar parte de mi día a día.
(Tweet de @israel2907) Recuerdos que llegan a tu cabeza, hacen encoger tu corazón y llenan tus ojos de lágrimas.

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